• La presión social por entrar en una universidad prestigiosa es tan grande que según datos de la Oficina de Estadística de Corea del Sur, 1 de cada 100 jóvenes ha pensado en suicidarse y ocho de cada 100.000 llegan a materializarlo. 

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    "Corea del Sur, excelencia educativa con altas dosis de infelicidad"

    Los estudiantes surcoreanos se benefician de uno de los sistemas educativos más prestigiosos del mundo pero al mismo tiempo tienen que enfrentarse a la enorme exigencia del sistema.

    Al finalizar la guerra con sus vecinos del norte, Corea del Sur era un país devastado y muy pobre, con un nivel de vida medio equiparable al de Afganistán. Para salir de la miseria, el Gobierno impulsó los Planes de Desarrollo Económico, que contemplaban una importante inversión en educación. Se crearon entonces 40.000 nuevas escuelas, se apostó por la industria y la tecnología. Fue así como la educación se convirtió en el motor del cambio.

    En la actualidad, según el Banco Mundial, 8 de cada 10 alumnos estudian una carrera y el 65% de la población de entre 25 y 34 años consigue un título universitario. La obsesión por la educación, la competitividad y el deseo de ser siempre los mejores son la receta de Corea del Sur para tener el segundo mejor sistema educativo del mundo pero también, la tasa más alta de suicidio de los países que conforman la OCDE, buena parte de ellos entre adolescentes incapaces de soportar la presión de la excelencia.

    Corea del Sur tiene la tasa de suicidio  más alta de la OCDE

    Para evitar que el sistema les aplaste y siga arrastrando a las nuevas generaciones, hace unos años que el Gobierno marcó como objetivo ser un poco menos competitivos para dar aire a la felicidad. Una de las medidas que se llevaron a cabo a tal fin fue la imposición a las escuelas privadas (hagwones) de cerrar a las diez de la noche, concediendo a los alumnos algo de tiempo para descansar antes de la próxima jornada que comienza a las ocho de la mañana y termina a las cinco de la tarde, eso sin contar que el 90% acude después a clases complementarias.

    La presión social por entrar en una universidad prestigiosa es tan grande que según datos de la Oficina de Estadística de Corea del Sur, 1 de cada 100 jóvenes ha pensado en suicidarse y ocho de cada 100.000 llegan a materializarlo. Todo viene porque no sirve con aprobar el Suneung, el examen de acceso a la universidad, hay que conseguir suficiente nota como para poder optar a una de las tres instituciones más prestigiosas del país, conocidas por sus siglas SKY (Universidad de Seúl, Universidad de Corea y Universidad de Yonsei). Si no lo consigues, eres un fracaso y se te cierran las puertas de las grandes multinacionales (Samsung, Hyundai, Lotte…).

    El estrés y la competitividad feroz derivan muchas veces en casos de acoso escolar y bullying

    Sabiendo eso, y teniendo en cuenta la feroz competitividad, un estudiante surcoreano dedica una media de 13 horas diarias al estudio y pasa cerca de 220 días en la escuela (164 en España). Cifras que contrastan con las del otro país puntero en las pruebas PISA, Finlandia, cuyos escolares suman los mejores resultados del mundo y pasan menos tiempo en los centros educativos.

    El estrés, la presión por el estudio y la competitividad mencionada, derivan muchas veces en casos de acoso y bullying. Preocupados por el asunto, el Gobierno creó un cuerpo de policía escolar para poner fin a estos episodios que cada año engrosan las listas de estudiantes suicidas.

    Preguntados por su situación, los jóvenes surcoreanos confiesan que no son felices, en muchas ocasiones tampoco sus padres, pero la esperanza de alcanzar la cima del prestigio social puede más que el alto precio de la exigencia desmedida. “Si no conseguimos entrar en una de las mejores universidades, nada valdrá la pena”, sentencian.

    En España las cosas son muy distintas, aquí el nivel de excelencia educativa es muy inferior al del Corea del Sur. Nuestro país se encuentra a la cabeza de la Unión Europea en abandono escolar (24% frente al escaso 2% de los surcoreanos) y obtiene resultados muy bajos en el Informe PISA.

    Todo eso debería hacernos reflexionar sobre la urgencia de llevar a cabo cambios profundos en el sistema educativo español pero con cuidado porque si tomamos un mal referente, podríamos terminar por arruinar uno de los principales activos del país: el índice de felicidad. Según el Informe Mundial sobre la Felicidad, España es uno de los países donde se vive más feliz.

    Varios puestos por encima de nosotros está Finlandia que no contenta con ocupar el número 1 en excelencia académica, también destina tiempo y esfuerzos al bienestar de sus ciudadanos. Algo que paradójicamente, Corea del Sur sigue teniendo como asignatura pendiente.

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    Fuente: http://noticias.universia.es/educac...